La Transición pasó por mi casa
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Guillermo Altares
Hace 15 horas
© Joaquín Amestoy
Una profesora da una clase al aire libre el 30 de abril de 1980 en el
solar donde se tenía que construir un instituto en La Elipa, un barrio
de Madrid.
La
Transición fue una chapuza ,
en el mejor sentido de la palabra (porque lo tiene). No hubo ningún
plan y, si lo hubo, quedó casi siempre truncado por los hechos. ¿Se
hubiese legalizado el Partido Comunista sin el horror de los
atentados de Atocha ?
Seguramente no tan rápido. Pero sus protagonistas, de todos los
partidos y credos, de todos los orígenes sociales y políticos, con
intereses muy diferentes y a veces opuestos, tenían claros dos
objetivos: instaurar una democracia sólida en España, que permitiese al
país integrarse en Europa, y no repetir una guerra civil.
Las
circunstancias eran las que eran: ETA matando a casi a diario,
terrorismo de todo signo político —guerrilleros de Cristo Rey campando a
sus anchas por Madrid y los GRAPO secuestrando y asesinando en los
momentos más delicados—, unas fuerzas de seguridad todavía
ultramontanas, un Ejército mimado por el régimen anterior, en el que se
escuchaban muchas veces ruido de sables, unas instituciones franquistas
que había que desmontar para construir otras nuevas, la crisis del
petróleo de 1973 y la mayoría de los que lucharon en la Guerra Civil, en
uno y otro bando, todavía vivos. Contra todo pronóstico, se consiguió.
No existió ningún Régimen del 78, se hizo lo que se pudo como se pudo y
se logró que España entrase en un periodo de libertad y crecimiento
económico inédito en su historia .
El escritor y periodista Manuel
Vázquez Montalbán dijo una vez que "en la España de Franco parecía que a
todo el mundo le olían los calcetines". Era un país en el que todavía
se firmaban y ejecutaban sentencias de muerte, con presos políticos, con
torturas en las comisarías, sin un Estado de derecho, sin partidos
políticos, en el que las mujeres tenían menos derechos que los
hombres... La España de los años ochenta vivió una explosión de libertad
y creatividad insólita. En una década, un país que era una dictadura
entró en la UE, después de haber aprobado una Constitución diseñada por
personas que eran feroces enemigos políticos solo unos años antes.
Hubo
decepciones con el país que se estaba creando. Es inevitable: las
esperanzas y las realidades no siempre coinciden, todos sus actores
hicieron renuncias importantes y, sí, es cierto, se olvidaron crímenes
horribles. ¿Había otra posibilidad? Nunca lo sabremos, solo que todo
aquello salió bien y se convirtió en un modelo. Lo que algunos llaman el
Régimen del 78 y los historiadores y sus protagonistas la Transición
fue contemplado con fascinación y envidia en todo el mundo,
especialmente en América Latina y en los países que tuvieron que
reconstruir su libertad tras la caída del Muro de Berlín. Resulta
increíble tener que escribir estas obviedades, tener que reivindicar lo
evidente: España pasó de ser una dictadura a ser una democracia, con
todos sus defectos, con todos sus problemas. Como recordaba un artículo
reciente sobre los Pactos de la Moncloa, un acuerdo social firmado en
1977, el PIB por habitante era entonces de 3.000 dólares y hoy alcanza
los 28.000 dólares.
© Proporcionado por EL PAIS
La Transición pasó por mi casa
Es verdad que escribo estas líneas influido porque tuve la suerte de
ser adolescente en aquellos ochenta y porque mi padre, el periodista
Pedro Altares, fallecido el 6 de diciembre de 2009 a los 74 años, tuvo
un papel relevante aquellos años, como director de la revista
Cuadernos para el diálogo. En un
artículo titulado ¿Quién mató a Liberty Valance? ,
y publicado en este diario en 1997, escribió: "La Transición fue una
aventura colectiva, en la que una parte fundamental del camino se hizo
al andar, impulsada desde abajo, trabajosamente buscada durante años por
miles de españoles desde la clandestinidad y desde la frontera de la
legalidad, ensanchando día a día el ámbito de lo posible, ampliando con
riesgo físico los resquicios que ofrecía el sistema... No, no pudo haber
diseño porque no podía haberlo. Fue precisamente su falta, sustituida a
golpe de intuición, sin miedo al riesgo y con sentido de la realidad
por Adolfo Suárez, lo que hizo posible que España saliese de la noche de
la dictadura para encararse a un sistema democrático, fatigosamente
trabajado durante años, y desde muchos frentes, por miles de españoles
que no se resignaban a ser súbditos del general Franco".
© Proporcionado por EL PAIS
La Transición pasó por mi casa
Cuando España ha pasado su mayor crisis política desde el golpe de
Estado de 1981 o desde la restauración de la democracia, cuando se
anteponen intereses mezquinos y falsedades a intereses generales,
aquellos años en los que España recuperó la libertad y la palabra se
antojan cada vez más importantes. Fueron tiempos de renuncias y
compromisos, que han convertido a España en una democracia sólida y
europea, sin violencia política (más allá del terror yihadista).
¿Existen problemas? Sin duda. La inmensa mayoría de ellos tienen que ver
con la justicia social, el paro, la desigualdad y la corrupción (forman
parte de lo mismo). También con los muertos en las cunetas y la
imposibilidad de construir una memoria común, es cierto. Pero los hechos
son tozudos: aquella chapuza, aquella improvisación, cerró una puerta a
un pasado al que nunca deberíamos volver. ¿Se instauró un régimen en
1978? No sé si es la palabra adecuada, solo que si miramos hacia atrás y
estudiamos la España que fuimos y contemplamos la que somos hay que
estar muy ciego para pensar que no hemos salido ganando. Y deberíamos
tratar de aprender de aquel periodo en vez de denigrarlo.
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